Capítulo 1: los niños que viveron
Capítulo 1: Los niños que vivieron.
-Eso lo sabremos a medida que leyendo el libro- dijo Albus.
- Tranquila Lily seguro que no es nada grave- dijo James para tranquilizar a Lily y así mismo.
De golpe el gran comedor se abrió de vuelta esta vez dejando paso a 5 pelirrojos eran los Weasley Molly la cual estaba casi igual que siempre solo con menos arugas y embarazada de 4 meses de los gemelos , Arthur el cual tenía bastante más pelo que e la época en la que venían los clones, de su mano iba un chico de unas 7 años pelirrojo el cual parecía bastante asombrado de todo a su alrededor era Bill el mayor de los hermanos, los seguía un pequeño Charlie de 5 años con una sonrisa de oreja a oreja por el gran espectáculo ante él y en los brazos de Molly iba un pequeño Percy de 2 años el cual parecía bastante serio para su edad.
- Bien, aquí estamos Albus nos hemos perdido ¿algo de la lectura? - dijo Arthur.
- No, todavía no hemos espesado, por favor tomen asiento en la mesa de Gryffindor. - dijo Dumbledore con amabilidad.
Los Weasley tomaron asiento cerca de los del futuro.
- ¡¿Ustedes dos son gemelas? - preguntó Molly refiriéndose a Lily y Emily las cuales se encontraban sentadas una frente a la otra.
- No, yo... bueno, es extraño pero vengo del futuro, me llamo Emily Potter, un placer- dijo extendiéndome una mano, la cual Molly se ve gustosa.
- así que son ustedes los del futuro Deambulador nos contó pero fue algo difícil de creer.
- ¿Hay alguien más del futuro?- preguntó Arthur.
- si la de cabello castaño, se llama Hermione- dijo señalando a Hermione - es un gusto - dijo
- la de al lado mío es Jennifer- dijo señalando a Jenny la cual levanto la mano a modo de saludo -el pelinegro es mi hermano, el de ojos verdes, -aclaro- se llama Harry el susodicho dijo "hola un gusto"- el pelirrojo futuro hijo suyo, se llama Ronald- término las presentaciones Emily
- hola mama, hola papa, pa tienes mucho más pelo que en mi época- dijo Ron, el señor Weasley se tocó el pelo algo alarmado pero al igual que su esposa sonrió a su futuro hijo y lo abrazó.
- Entonces tu eres de quien estoy embarazada- dijo Molly tocándose el veinte.
- No exactamente, yo vengo en el síguete embarazo dentro de dos años, ahora estas esperando a los gemelos -
- Seis hijos -dijo Arthur empalideciendo.
- Siete- le corrigió Ron- un año después de mí viene Ginny.
- Guay estaba aburrido verdad- dijo Sirius. Esto provocó un sonrojo por parte de ambos señores Weasley.
- Bueno tendremos una niña, rompimos la tradición Arthur - dijo Molly feliz a su marido el cual todavía no se recuperaba de la noticia y murmuraba cosas como "siete hijos, siete" - ya se recupera hay que darle un tiempo.
- Hola mucho gusto yo soy Lily Evans, él es mi novio James y a su lado está Sirius y Remus- dijo Lily todos se estrecharon las manos a modo de presentación.
- Hechas las presentaciones correspondientes deberíamos dar comienzo a la lectura, hay algún voluntario para leer- preguntó el director como era de esperarse nadie se ofreció.- bueno traten de o pelearse por leer.
- Yo me ofrezco, dijo Arthur que ya se había recuperado de la noticia más o menos. - el capítulo se llama los niños que vivieron- dijo frunciendo un poco el ceño.
- ¿Sobrevivir a qué?- preguntó Remus, en voz baja como para sí mismo, en su interino todos se preguntaban lo mismo.
El señor y la señora Dursley que vivían en el número 4 de Privet Drive
- ¿Tú hermana no vive en ese lugar? - preguntó James.
- Si, tal vez fuimos a hacerle una visita- propuso Lily aunque ni ella se lo tragaba.
, estaban orgullosos de decir que eran muy normales, afortunadamente. Eran las últimas personas que se esperaría encontrar relacionadas con algo extraño o misterioso, porque no estaban para tales tonterías.
El señor Dursley era el director de una empresa llamada Grunnings que fabricaba taladros.
- ¿Y eso que es?- preguntó Malfoy y otros más de sangre pura.
- Es un aparato que sirve para hacer agujeros en la pared.- explicó Lily, Malfoy solo le dedico una mirada de asco y se dio la vuelta al parecer no le gustaba que un sangre sucia sepa más que él.
Era un hombre corpulento y rollizo, casi sin cuello, aunque con un bigote inmenso.
- Guay qué hombre más guapo- dijo Jenny.
- Si quieres te lo presento, eso sí tendrás que competir con la súper modelo de Petunia- dijo Emily siguiendo el juego.
- Oooo harías eso por mí qué gran amiga eres - dijo fingiendo emoción el gran comedor soltó un par de risas, McGonagall las miró un tanto preocupada.
La señora Dursley era delgada, rubia y tenía un cuello casi el doble de largo de lo habitual,
- Chicos cambie de opinión me quiero casar con tu futura cuñada cornamenta- dijo Sirius , poniendo una falsa cara de enamorado , la cual era juntar las manos, inclinar la cabeza y parpadear exageradamente.
- Mejor no, prefiero a la morsa antes de ti como cuñado- dijo James.
Lo que le resultaba muy útil, ya que pasaba la mayor parte del tiempo estirándolo por encima de la valla de los jardines para espiar a sus vecinos.
- Que chismosa -dijo Molly.- Con tu perdón Lily querida.
- A mí no me importa lo que digan de ellos- dijo Lily.
Los Dursley tenían un hijo pequeño llamado Dudley
-que nombre más feo- dijo Sirius poniendo cara de haber pisado caca.
Los Dursley tenían todo lo que querían, pero también tenían un secreto, y su mayor temor era que lo descubriesen no habrían soportado que se supiera lo de los Potter.
- Y yo no me quejo de estar emparentado con una morsa y una jirafa -dijo James algo ofendido.
- Los Potter son buena gente- dijo Sirius- menos James, pero bueno siempre hay una oveja negra en la familia.
- Y tú eres la oveja blanca de los Black- le refuto.
- ¿Es en serio?- se preguntó Lily- podríamos seguir con la lectura.
La señora Potter era hermana de la señora Dursley, pero no se veían desde hacía años; tanto era así que la señora Dursley fingía que no tenía hermana,
Esto hizo entristecer a Lily.
-no te preocupes Lily tu eres una chica sensacional y debes ser una hermana estupenda - dijo Alice- si ella no lo puede ver es su problema.
-Gracias - le susurro Lily a su amiga.
Porque su hermana y su marido, un completo inútil
- oye -dijo James mirando en el libro ofendido.
Eran lo más opuesto a los Dursley que se pudiera imaginar.
- Gracias a Merlín- dijo Remus.
Los Dursley se estremecían al pensar qué dirían los vecinos si los Potter apareciesen por la acera.
- Gracias por el dato- dijeron James y Emily al mismo tiempo, por lo cual se vieron algo sorprendidos.
Sabían que los Potter también tenían un hijo un pequeño,
-dos- corrigió Lily- ni siquiera sabe cuántos hijos tengo- peso poniéndose más triste, james la abrazo para consolarla.
pero nunca los habían visto. El niño era otra buena razón para mantener alejados a los Potter: no querían que Dudley se juntara con un niño como aquél.
- Me alegra que por fin coincidamos en algo-dijo James.
- El sentimiento es mutuo- dijo Lily dejando atrás la tristeza y dando paso a la ira lo cual era bastante preocupante.
Nuestra historia comienza cuando el señor y la señora Dursley se despertaron un martes, con un cielo cubierto de nubes grises que amenazaban tormenta. Pero nada había en aquel nublado cielo que sugiriera los acontecimientos extraños y misteriosos que poco después tendrían lugar en toda la región. El señor Dursley canturreaba mientras se ponía su corbata más sosa para ir al trabajo, y la señora Dursley parloteaba alegremente mientras instalaba al ruidoso Dudley en la silla alta. Ninguno vio la gran lechuza parda que pasaba volando por la ventana.
A las ocho y media, el señor Dursley cogió su maletín, besó a la señora Dursley en la mejilla (Sirius hizo ademanes de vomitar) y trató de despedirse de Dudley con un beso, aunque no pudo, ya que el niño tenía un berrinche y estaba arrojando los cereales contra las paredes.
- Que criatura más adorable- ironizó Molly.
- ¡Qué modales!- dijo una chica de Ravenclaw.
«Tunante», dijo entre dientes el señor Dursley mientras salía de la casa. Se metió en su coche y se alejó del número 4. Al llegar a la esquina percibió el primer indicio de que sucedía algo raro: un gato estaba mirando un plano de la ciudad. Durante un segundo, el señor Dursley no se dio cuenta de lo que había visto, pero luego volvió la cabeza para mirar otra vez. Sí había un gato atigrado en la esquina de Privet Drive, pero no vio ningún plano.
- Apuesto que es usted Minnie- dijo Sirius.
-¿Cómo está tan seguro el señor Black? Y ya el dicho unas mil veces que me llame McGonagall- dijo Minerva
- perdón, pero es obvio que si es usted ningún gato está rígido. - respondió.
¿En qué había estado pensando? Debía de haber sido una ilusión óptica.
- ¿es así todo el tiempo o para, para descansar?-preguntó Jenny.
- Es así todo el tiempo- dijo Harry, hablando por primera vez.
El señor Dursley parpadeó y contempló al gato. Éste le devolvió la mirada. Mientras el señor Dursley daba la vuelta a la esquina y subía por la calle, observó al gato por el espejo retrovisor: en aquel momento el felino estaba leyendo el rótulo que decía «Privet Drive» (no podía ser, los gatos no saben leer los rótulos ni los planos). El señor Dursley meneó la cabeza y alejó al gato de sus pensamientos. Mientras iba a la ciudad en coche no pensó más que en los pedidos de taladros que esperaba conseguir aquel. Pero en las afueras ocurrió algo que apartó los taladros de su mente.
- Este hombre necesita un pasatiempo- dijo Ron.
Mientras esperaba en el habitual embotellamiento matutino, no pudo dejar de advertir una gran cantidad de gente vestida de forma extraña. Individuos con capa. (Los profesores fruncieron el ceño.)
El señor Dursley no soportaba a la gente que llevaba ropa ridícula
-¿se ha mirado en el espejo últimamente?- dijo Emily por lo cual varios largaron risotadas.
¡Ah, los conjuntos que llevaban los jóvenes! .Supuso que debía de ser una moda nueva. Tamborileó con los dedos sobre el volante y su mirada se posó en unos extraños que estaban cerca de él. Cuchicheaban entre sí, muy excitados. El señor Dursley se enfureció al darse cuenta de que dos de los desconocidos no eran jóvenes. Vamos, uno era incluso mayor que él, ¡y vestía una capa verde esmeralda! ¡Qué valor!
(Los alumnos se reían ante las exageraciones del señor Vernon, mientras los profesores pensaban que era un verdadero horror que los magos sean tan descuidados)
Pero entonces se le ocurrió que debía de ser alguna tontería publicitaria; era evidente que aquella gente hacía una colecta para algo. Sí, tenía que ser eso. El tráfico avanzó y, unos minutos más tarde, el señor Dursley llegó al aparcamiento de Grunnings, pensando nuevamente en los taladros. El señor Dursley siempre se sentaba de espaldas a la ventana, en su oficina del noveno piso. Si no lo hubiera hecho así, aquella mañana le habría costado concentrarse en los taladros .No vio las lechuzas que volaban en pleno día, aunque en la calle sí que las veían y las señalaban con la boca abierta, mientras las aves desfilaban una tras otra.
-por Merlín qué hombre más aburrido- dijo Sirius bostezando.
La mayoría de aquellas personas no había visto una lechuza ni siquiera de noche. Sin embargo, el señor Dursley tuvo una mañana perfectamente normal, sin lechuzas. Gritó a cinco personas. Hizo llamadas telefónicas importantes y volvió a gritar.
-¿Eso es una mañana normal?- preguntó Hermione atónita.
- claro que si Herms, que no has visto a las morsas nunca, gritar es un modo de saludarse- dijo Jenny mas risas se escucharon.
Estuvo de muy buen humor hasta la hora de la comida, cuando decidió estirar las piernas y dirigirse a la panadería que estaba en la acera de enfrente.
- Un poco más de esfuerzos y ya estarás listo para caminar una cuadra- dijo James.
Había olvidado a la gente con capa hasta que pasó cerca de un grupo que estaba al lado de la panadería. Al pasar los miró enfadado. No sabía por qué, pero le ponían nervioso (varios rodaron los ojos, otros les resultaba bastante aburrido escuchar hablar a Dursley).Aquel grupo también susurraba con agitación y no llevaba ni una hucha. Cuando regresaba con un donut gigante en una bolsa de papel, alcanzó a oír unas pocas palabras de su conversación.
-Los Potter, eso es, eso es lo que he oído... -Sí, su hijo, Harry...
- ¿Qué le pasó a mi hijo?- pregunto/grito Lily alarmada.
- Nada grave mamá, tranquila- dijo Harry, aunque no era verdad pero no quería preocuparla, Lily lo miró enternecida al escuchar la palabra mamá.
El señor Dursley se quedó petrificado.
-¿Se vio reflejado en un espejo?- habló para sorpresa de varios Remus.
El temor lo invadió. Se volvió hacia los que murmuraban, como si quisiera decirles algo, pero se contuvo. Se apresuró a cruzar la calle y echó a correr hasta su oficina.
- O por todos los cielos sabe correr- dijo Frank (el papá de Neville)
Dijo a gritos a su secretaria que no quería que le molestaran
- Que mal educado- exclamaron Molly, Lily y varias chicas más.
, cogió el teléfono y, cuando casi había terminado de marcar los números de su casa, cambió de idea. Dejó el aparato y se atusó los bigotes mientras pensaba... No, se estaba comportando como un estúpido.
- Si los últimos treinta años de su vida-dijeron Emily y Jenny al mismo tiempo.
Potter no era un apellido tan especial.
- Hey- dijeron los tres Potter ofendidos.
Estaba seguro de que había muchísimas personas que se llamaban Potter y que tenían un hijo llamado Harry. Y pensándolo mejor, ni siquiera estaba seguro de que su sobrino se llamara Harry. Nunca había visto al niño. Podría llamarse Harvey. O Harold…
-Rigoberto- dijo Jenny de la nada.
- Hermelegildo- exclamo Emily.
- Clorofilo-dijo Jenny.
-¿qué hacen?- preguntó Hermione.
-ah no estábamos jugando a decir los nombres más feos- dijo Emily encarnando una ceja, Herminio solo rodo los ojos y sonrió, esas dos no tenían remedio.
No tenía sentido preocupar a la señora Dursley, siempre se trastornaba mucho ante cualquier mención de su hermana. Y no podía reprocharle. ¡Si él hubiera tenido una hermana así...!
- Ella es estupenda, maldita morsa- dijo Harry Emily, James y para sorpresa de varios Severus, aunque este último en un susurro inaudible.
- Gracias pero no gasten sus energías en insultar a una imbécil- dijo Lily sonriendo a los tres.
Pero de todos modos, aquella gente de la capa... Aquella tarde le costó concentrarse en los taladros, y cuando dejó el edificio, a las cinco en punto, estaba todavía tan preocupado que, sin darse cuenta, chocó con un hombre que estaba en la puerta.
-Perdón -gruñó, mientras el diminuto viejo se tambaleaba y casi caía al suelo.
-ni siquiera lo ayudó, que malos modales.- dijo McGonagall.
Segundos después, el señor Dursley se dio cuenta de que el hombre llevaba una capa violeta. No parecía disgustado por el empujón. Al contrario, su rostro se iluminó con una amplia sonrisa, mientras decía con una voz tan chillona que llamaba la atención de los que pasaban:
- ¡No se disculpe, mi querido señor, porque hoy nada puede molestarme! ¡Hay que alegrarse, porque Quien-usted-sabe finalmente se ha ido! ¡Hasta los muggles como usted deberían celebrar este feliz día!
- Adora a ese sujeto- exclamaron los tres merodeadores.
Y el anciano abrazó al señor Dursley y se alejó
-¿Lo abrazo? Lo que hace el alcohol.- dijo Emily con expresión de madre preocupada.
El señor Dursley se quedó completamente helado. Lo había abrazado un desconocido. Y por si fuera poco le había llamado Muggle, no importaba lo que eso fuera no le gusto.
- Es el mejor ejemplo de Muggle, que he visto en toda mi vida- dijo Harry y todos estuvieron de acuerdo.
Estaba desconcertado. Se apresuró a subir a su coche y a dirigirse hacia su casa, deseando que todo fueran imaginaciones suyas Cuando entró en el camino del número 4, lo primero que vio (y eso no mejoró su humor) fue el gato atigrado que se había encontrado por la mañana. En aquel momento estaba sentado en la pared de su jardín. Estaba seguro de que era el mismo, pues tenía unas líneas idénticas alrededor de los ojos.
- ¡Fuera! -dijo el señor Dursley en voz alta. El gato no se movió. Sólo le dirigió una mirada severa.
- Ja como si eso fuese a espantar a la profesora, nos ha aguantado siete años- dijo James.
- Ya no cabe duda que es usted-dijo Sirius.
El señor Dursley se preguntó si aquélla era una conducta normal en un gato. Trató de calmarse y entró en la casa. Todavía seguía decidido a no decirle nada a su esposa. La señora Dursley había tenido un día bueno y normal (varios fruncieron el ceño). Mientras comían, le informó de los problemas de la señora Puerta Contigua con su hijo, y le contó que Dudley había aprendido una nueva frase (« ¡no lo haré!»).
- Ya es tan malcriado y apenas tienen un año- comento Molly atónita.
El señor Dursley trató de comportarse con normalidad. Una vez que acostaron a Dudley, fue al salón a tiempo para ver el informativo de la noche (otra vez la mayoría empezaba a aburrirse).
-Y por último, observadores de pájaros de todas partes han informado de que hoy las lechuzas de la nación han tenido una conducta poco habitual. Pese a que las lechuzas habitualmente cazan durante la noche y es muy difícil verlas a la luz del día, se han producido cientos de avisos sobre el vuelo de estas aves en todas direcciones, desde la salida del sol (simple como diría Hermione: los magos no tienen sentido común). Los expertos son incapaces de explicar la causa por la que las lechuzas han cambiado sus horarios de sueño. -El locutor se permitió una mueca irónica-. Muy misterioso. Y ahora, de nuevo con Jim McGuffin y el pronóstico del tiempo. ¿Habrá más lluvias de lechuzas esta noche, Jim?
-Bueno, Ted -dijo el meteorólogo-, eso no lo sé, pero no sólo las lechuzas han tenido hoy una actitud extraña. Telespectadores de lugares tan apartados como Kent, Yorkshire y Dundee han telefoneado para decirme que en lugar de la lluvia que prometí ayer ¡tuvieron un chaparrón de estrellas fugaces! Tal vez la gente ha comenzado a celebrar antes de tiempo la Noche de las Hogueras. ¡Es la semana que viene, señores! Pero puedo prometerles una noche lluviosa.
- Pero por Merlín es que acaso en el futuro todos los magos se han vuelto locos, hasta los Muggle se dan cuenta que algo pasa.- estalló McGonagall atónita ante semejante infracción a la seguridad del mundo mágico.
El señor Dursley se quedó congelado en su sillón.
¿Estrellas fugaces por toda Gran Bretaña? ¿Lechuzas volando a la luz del día? Y aquel rumor, aquel cuchicheo sobre los Potter... La señora Dursley entró en el comedor con dos tazas de té. Aquello no iba bien.
- ¿Y a esta hora se da cuenta?- se preguntó Ron.
Tenía que decirle algo a su esposa. Se aclaró la garganta con nerviosismo. -Eh... Petunia, querida, ¿has sabido últimamente algo sobre tu hermana? Como había esperado, la señora Dursley pareció molesta y enfadada. Después de todo, normalmente ellos fingían que ella no tenía hermana.
- Yo tampoco quiero saber nada de ti- dijo Lily enojada.
-No -respondió en tono cortante-. ¿Por qué? -
-Hay cosas muy extrañas en las noticias -masculló el señor Dursley-. Lechuzas... estrellas fugaces... y hoy había en la ciudad una cantidad de gente con aspecto raro...
- ¿Y qué? -Interrumpió bruscamente la señora Dursley -Bueno, pensé... quizá... que podría tener algo que ver con... ya sabes... su grupo.
- ¿Nuestra clase? -exclamó la mayoría de los ofendidos en especial los de Slytherin.
La señora Dursley bebió su té con los labios fruncidos. El señor Dursley se preguntó si se atrevería a decirle que había oído el apellido «Potter». No, no se atrevería.
- Maldito cobarde- dijo Sirius.
En lugar de eso, dijo, tratando de parecer despreocupado:
-El hijo de ellos... debe de tener la edad de Dudley, ¿no?
-Eso creo -respondió la señora Dursley con rigidez. - ¿Y cómo se llamaba? Howard, ¿no? -Harry. Un nombre vulgar y horrible, si quieres mi opinión.
- Harry es un nombre precioso, igual que Emily- dijo Lily ahora sacada con sus hijos nadie se metía.
-Oh, sí-dijo el señor Dursley, con una espantosa sensación de abatimiento-. Sí, estoy de acuerdo. No dijo nada más sobre el tema, y subieron a acostarse. Mientras la señora Dursley estaba en el cuarto de baño, el señor Dursley se acercó lentamente hasta la ventana del dormitorio y escudriñó el jardín delantero. El gato todavía estaba allí. Miraba con atención hacia Privet Drive, como si estuviera esperando algo. ¿Se estaba imaginando cosas? ¿O podría todo aquello tener algo que ver con los Potter? Si fuera así... si se descubre que ellos eran parientes de unos... bueno, creía que no podría soportarlo.
Los Dursley se fueron a la cama. La señora Dursley se quedó dormida rápidamente, pero el señor Dursley permaneció despierto, con todo aquello dando vueltas por su mente. Su último y consolador pensamiento antes de quedarse dormido fue que, aunque los Potter estuvieran implicados en los sucesos, no había razón para que se acercaran a él y a la señora Dursley. Los Potter sabían muy bien lo que él y Petunia pensaban de ellos y de los de su clase... (Otra vez miradas asesinas al libro). No veía cómo a él y a Petunia podrían mezclarlos en algo que tuviera que ver (bostezar y se dio la vuelta)... No, no podría afectarlos a ellos... ¡Qué equivocado estaba! El señor Dursley cayó en un sueño intranquilo, pero el gato que estaba sentado en la pared del jardín no mostraba señales de adormecerse. Estaba tan inmóvil como una estatua, con los ojos fijos, sin pestañear, en la esquina de Privet Drive.
Apenas tembló cuando se cerró la puertezuela de un coche en la calle de al lado, ni cuando dos lechuzas volaron sobre su cabeza. La verdad es que el gato no se movió hasta la medianoche. Un hombre apareció en la esquina que el gato había estado observando, y lo hizo tan súbita y silenciosamente que se podría pensar que había surgido de la tierra. La cola del gato se agitó y sus ojos se entornan. En Privet Drive nunca se había visto un hombre así. (Ahora todos prestaban atención a lo que ocurría, ya que querían saber que pasaba) Era alto, delgado y muy anciano, a juzgar por su pelo y barba plateados, tan largos que podría sujetarlos con el cinturón. Llevaba una túnica larga, una capa color púrpura que barría el suelo y botas con tacón alto y hebillas. Sus ojos azules eran claros, brillantes y centelleaban detrás de unas gafas de cristales de media luna .Tenía una nariz muy larga y torcida, como si se la hubiera fracturado alguna vez. El nombre de aquel hombre era Albus Dumbledore.
- Dumbledore, ¿qué hace usted ahí?- preguntó una chica de Ravenclaw.
-no tengo ni idea-respondo este, el cual estaba muy concentrado en todo lo que el libro decía.
. Albus Dumbledore no parecía darse cuenta de que había llegado a una calle en donde todo lo suyo, desde su nombre hasta sus botas, era mal recibido (la mayoría largó una risotada). Estaba muy ocupado revolviendo en su capa, buscando algo, pero pareció darse cuenta de que lo observaban porque, de pronto, miró al gato, que todavía lo contemplaba con fijeza desde la otra punta de la calle. Por alguna razón, ver al gato pareció divertirlo. Rió entre dientes y murmuró:
-Debería haberlo sabido.
Encontró en su bolsillo interior lo que estaba buscando. Parecía un encendedor de plata. Lo abrió, lo sostuvo alto en el aire y lo encendió. La luz más cercana de la calle se apagó con un leve estallido.
- ¿De dónde sacó eso?- preguntó Sirius.
- Lo inventé.-le respondió.
Lo encendió otra vez y la siguiente lámpara quedó a oscuras. Doce veces hizo funcionar el Apagador, hasta que las únicas luces que quedaron en toda la calle fueron dos alfileres lejanos: los ojos del gato que lo observaba. Si alguien hubiera mirado por la ventana en aquel momento, aunque fuera la señora Dursley con sus ojos como cuentas, pequeños y brillantes, no habría podido ver lo que sucedía en la calle. Dumbledore volvió a guardar el Apagador dentro de su capa y fue hacia el número 4 de la calle, donde se sentó en la pared, cerca del gato. No lo miró, pero después de un momento le dirigió la palabra.
-Me alegro de verla aquí, profesora McGonagall.
-lo sabía- dijo Sirius haciendo un ademán de victoria.
- canuto, todos lo sabíamos- dijo James.
Se volvió para sonreír al gato, pero éste ya no estaba. En su lugar, le dirigía la sonrisa a una mujer de aspecto severo que llevaba gafas de montura cuadrada, que recordaban las líneas que había alrededor de los ojos del gato. La mujer también llevaba una capa, de color esmeralda. Su cabello negro estaba recogido en un moño. Parecía claramente disgustada.
- ¿Cómo ha sabido que era yo? -preguntó.
-Mi querida profesora, nunca he visto a un gato tan tieso.
-Usted también estaría tieso si llevara todo el día sentado sobre una pared de ladrillo -respondió la profesora McGonagall. - ¿Todo el día? ¿Cuándo podría haber estado de fiesta? Debo de haber pasado por una docena de celebraciones y fiestas en mi camino hasta aquí.
-profesor no tenía ese costado salvaje suyo- dijo Jenny, Dumbledore solo se rio.
La profesora McGonagall resopló enfadada.
-Oh, sí, todos estaban de fiesta, de acuerdo -dijo con impaciencia-. Yo creía que serían un poquito más prudentes, pero no... ¡Hasta los muggles se han dado cuenta de que algo sucede! Salió en las noticias. Dumbledore -Terció la cabeza en dirección a la ventana del oscuro salón de los Dursley-. Lo he oído. Bandadas de lechuzas, estrellas fugaces... Bueno, no son totalmente estúpidos. Tenían que darse cuenta de algo. Estrellas fugaces cayendo en Kent... Seguro que fue Dedalus Diggle. Nunca tuvo mucho sentido común.
- McGonagall pasan los años y sigue igual de severa- dijo Lily sonriendo a la profesora.
-No puede reprochárselo -dijo Dumbledore con tono afable-. Hemos tenido tan poco que celebrar durante once años...
(Todos prestaron atención querían saber qué estaba pasando tan importante)
-Ya lo sé -respondió irritada la profesora McGonagall-. Pero ésa no es una razón para perder la cabeza. La gente se ha vuelto completamente descuidada, sale a las calles a plena luz del día, ni siquiera se pone la ropa de los muggles, intercambia rumores... Lanzó una mirada cortante y de soslayo hacia Dumbledore, como si esperara que éste le contestara algo. Pero como no lo hizo, continuó hablando. -Sería extraordinario que el mismo día en que Quien-usted-sabe parece haber desaparecido al fin, los muggles lo descubran todo sobre nosotros. Porque realmente se ha ido, ¿no, Dumbledore?
- Imposible ¡¿ha sido vencido por fin?!- exclamó un chico, todos los alumnos menos, los merodeadores y Lily empezaron a festejar, ya que no entendía qué tenía que ver todo esto con los Dursley y sobre todo sus hijos/ahijados.
- Eso es imposible, el señor tenebroso no pudo haber sido derrotado- exclamó Bellatrix.
- Pues ya ves que sí- dijo uno de Gryffindor.
- Mejor cállate asquerosa sangre sucia- le respondió.
- Señorita Black, no se permiten semejantes palabras en este colegio, 5 puntos menos para Slytherin- sentenció McGonagall.
-Es lo que parece -dijo Dumbledore-. Tenemos mucho que agradecer. ¿Le gustaría tomar un caramelo de limón?
- Y Dumbledore sigue igual de chiflado - dijo James en un susurro, para que el profesor no lo escuche.
- ¿Un qué?
-Un caramelo de limón.
-Lo que están diciendo -insistió- es que la pasada noche Voldemort apareció en el valle de Godric. Iba a buscar a los Potter.-
Dumbledore inclinó la cabeza. La profesora McGonagall se quedó boquiabierta.
Varios pusieron caras de preocupación.
- ¿Qué le pasó a mis hijos y a Lily?- preguntó James alarmado.
- ¿Y no te preocupa saber qué pasó contigo?- preguntó Lily.
- Primero lo importante-dijo James, al decir esto se ganó un abrazo de la pelirroja.
-Lily y James... no puedo creerlo... No quiero creerlo... Oh, Albus... -Dumbledore se acercó y le dio una palmada en la espalda
-Alguien puede que me diga que pasa- dijo Lily aunque ya estaba casi segura.
- no puedo creer que (Arthur trago saliva, no sabía cómo dar esta noticia) haya muerto.
El silenció del gran comedor fue rotundo probablemente en todos los años de Hogwarts el comedor había estado en semejante, silencio, a Lily le caían silenciosas lágrimas por el rostro no por estar muerta, sino por haber dejado solos a sus dos pequeños. James no lloraba pero no se encontraba mejor que Lily, Sirius por su parte estaba pálido James, su hermano prácticamente muerto y Lily que a pesar del poco tiempo que llevaban se habían hecho grandes amigos, Remus le rodó una sola lágrima por el rostro.
El primero en hablar fue James.
- Bueno pero ellos- dijo James señalando a sus hijos-...ellos están bien ¿verdad?.- dijo con la voz medio ahogada.
Ante esta pregunta el señor Weasley continuó con la lectura
. -Lo sé... lo sé... -dijo con tristeza. La voz de la profesora McGonagall temblaba cuando continuó.
-Eso no es todo. Dicen que quiso matar a los hijos de los Potter, a Harry y a Emily. Pero no pudo. (Todos abrieron los ojos impresionados como era imposible que unos niños no siguieran vivos luego de enfrentarse a Voldemort) No pudo matar a esos niños. Nadie sabe por qué, ni cómo, pero dicen que como no pudo matarlo, el poder de Voldemort se rompió... y que ésa es la razón por la que se ha ido. Dumbledore asintió con la cabeza, apesadumbrada.
- ¿Es... es verdad? -Tartamudeó la profesora McGonagall-. Después de todo lo que hizo... de toda la gente que mató... ¿no pudo matar a unos niños? Es asombroso... entre todas las cosas que podrían detenerlo... Pero ¿cómo sobrevivieron Harry y Emily en nombre del cielo?
-Sólo podemos hacer conjeturas -dijo Dumbledore-. Tal vez nunca lo sepamos. La profesora McGonagall sacó un pañuelo con puntilla y se lo pasó por los ojos, por detrás de las.
Dumbledore resopló mientras sacaba un reloj de oro del bolsillo y lo examinaba. Era un reloj muy raro. Tenía doce manecillas y ningún número; pequeños planetas se movían por el perímetro del círculo. Pero para Dumbledore debía de tener sentido (siempre dije que estaba loco y lo sostengo, murmuró Lucius), porque lo guardó y dijo:
-Hagrid se retrasa. Imagino que fue él quien le dijo que yo estaría aquí, ¿no?
-Sí -dijo la profesora McGonagall-. Y yo me imagino que usted no me va a decir por qué, entre tantos lugares, tenía que venir precisamente aquí.
-He venido a entregar a Harry a su tía y su tío. Son la única familia que le queda ahora. Y a la niña la dejare en un orfanato-
- ¿Qué?- gritó Lily dejando la tristeza de lado, haciendo que la mayoría se dé un salto por el susto-¿Cómo omo se le ocurre dejara a mi hijo con esas personas?, le harán la vida miserable y encima planea separar a mis dos bebes. - término de hablar roja de furia.
- Supongo que tenía mis motivos- dijo Dumbledore, algo apenado.
- ¿Quiere decir...? ¡No puede referirse a la gente que vive aquí! Y ¡y tampoco puede separar a los niños solo se tienen el uno a otro, porque estos Muggle son todo menos una familia normal! -Gritó la profesora, poniéndose de pie de un salto y señalando al número 4-. Dumbledore... no puede. Los he estado observando todo el día. No podría encontrar a gente más distinta de nosotros. Y ese hijo que tienen... Lo vi dando patadas a su madre mientras subían por la escalera, pidiendo caramelos a gritos. ¡Harry Potter no puede vivir ahí! Y la niña en un orfanato ¿De qué tipo?, porque no mejor en una familia de magos los acogen con gran cariño
-Es el mejor lugar para ellos-dijo Dumbledore con firmeza-. Sus tíos podrán explicárselo todo cuando sea mayor. Les escribí una carta. Y en cuanto a la niña ningún mago debe saber de su existencia y eso lo sabes.
- ¿Por qué?- preguntó Remus frunciendo el entrecejo, era la pregunta que todos se hacían.
- Si, lo sé pero mínimo dime que es uno con buena gente-dijo McGonagall tranquilizando se un poco-
-es el único en el que puede estar- dijo Dumbledore-
- ¿qué quiere decir con eso? -pregunto Lily enojada de vuelta.
-¿qué quieres decir con eso? - Pregunto, irritada de nuevo-
Lily y McGonagall se miraron sorprendidas.
- Mire yo sé lo que hago he estado investigando y es lo mejor - dijo ya medio cansado de la pelea.
- Bueno, obviamente confió en usted pero... volviendo a el niño, ¿Una carta? -Explotó la profesora McGonagall incrédula otra vez, volviendo a sentarse-. Dumbledore, ¿de verdad cree que puede explicarlo todo en una carta? ¡Esa gente jamás comprenderá a Harry! ¡Serán famosos... una leyendas... no me sorprendería que el día de hoy fuera conocido en el futuro como el día de Harry Potter y Emily Potter ,cuando se pueda saber de ella porque no creo que viva toda su vida oculta, Escribirán libros sobre ambos... todos los niños del mundo conocerán sus nombres.
- guay- dijo Harry- creo que eso es algo exagerado.
-Exactamente -dijo Dumbledore, con mirada muy seria por encima de sus gafas-. Sería suficiente para marear a cualquier niño. ¡Famoso antes de saber hablar y andar! ¡Famoso por algo que ni siquiera recuerdan! ¿No se da cuenta de que será mucho mejor que crezca lejos de todo, hasta que esté preparado para asimilarlo?, y me puedo jurar que con la chica sería lo mismo descubrirán de quien es hija o harían preguntas que ni yo podría responder-.
-La profesora McGonagall abrió la boca, cambió de idea, tragó y luego dijo: -Sí... sí, tiene razón, por supuesto. Pero ¿cómo van a llegar los pequeños hasta aquí, Dumbledore? -De pronto observó la capa del profesor, como si pensara que podía tener escondido a Harry y Emily.
- Por favor no, eso no es forma de transportar a un niño.- dijo Molly por lo cual McGonagall se sonrojo.
-Hagrid los traerá. -
-¿Le parece... sensato... confiar a Hagrid algo tan importante como eso? -
-A Hagrid, le confiaría mi vida-dijo Dumbledore.
- Gracias profesor - dijo Hagrid sonrojándose porque todas las miradas se clavaban en él.
-No estoy diciendo que su corazón no esté donde debe estar -dijo a regañadientes la profesora McGonagall-. Pero no me dirá que no es descuidado. Tiene la costumbre de... ¿Qué ha sido eso? -Un ruido sordo rompió el silencio que los rodeaba. Se fue haciendo más fuerte mientras ellos miraban a ambos lados de la calle, buscando alguna luz. Aumentó hasta ser un rugido mientras los dos miraban hacia el cielo, y entonces una pesada moto cayó del aire y aterrizó en el camino, frente a ellos. La moto era inmensa, pero si se la comparaba con el hombre que la conducía parecía un juguete.
- Esa es mi moto- dijo Sirius feliz.
Era dos veces más alto que un hombre normal y al menos cinco veces más ancho. Se podría decir que era demasiado grande para que lo aceptaran y además, tan desaliñado... Cabello negro, largo y revuelto, y una barba que le cubría casi toda la cara. Sus manos tenían el mismo tamaño que las tapas del cubo de la basura y sus pies, calzados con botas de cuero, parecían crías de delfín. En sus enormes brazos musculosos sostenía dos bultos envueltos en mantas.
-Hagrid -dijo aliviado Dumbledore-. Por fin. ¿Y dónde conseguiste esa moto? -
-Me la han prestado; profesor Dumbledore -contestó el gigante, bajando con cuidado del vehículo mientras hablaba-. El joven Sirius Black me la dejó. Los he traído, señor.
- ¿Me pregunto dónde estoy yo?- Dijo Remus.
-¿No ha habido problemas por allí? -
-No, señor. La casa estaba casi destruida, pero los saqué antes de que los muggles comenzarán a aparecer. Se quedaron dormidos mientras volábamos sobre Bristol.
Dumbledore y la profesora McGonagall se inclinaron sobre las mantas. Entre ellas se veía unos niños pequeños, profundamente dormidos. El niño bajo una mata de pelo negro azabache
- Es como un mini tú- dijo Lily, sonriendo dulcemente a James.
y la niña una mata de pelo rojo furioso.
- Y ella es una mini pelirroja- dijo James abrazando a Lily.
- Ya paren con la cursilería, par de tortolos.- dijo Sirius, por lo cual Lily se sonrojo y James lo miró con cara de pocos amigos.
Sobre la frente del niño, pudieron ver una cicatriz con una forma curiosa, como un relámpago y lo mismo en la niña pero en el hombro derecho.
- ¿Fue allí...? -susurró la profesora McGonagall.
-Sí -respondió Dumbledore-. Tendrán esa cicatriz para siempre.
- ¿No puede hacer nada, Dumbledore? -Aunque pudiera, no lo haría.
-Las cicatrices pueden ser útiles. Yo tengo una en la rodilla izquierda que es un diagrama perfecto del metro de Londres (Gracias por la imagen mental pensó Sirius con asco). Bueno pasa me a el niño Hagrid- dijo el anciano profesor y Hagrid se lo pasó, Dumbledore.
- ¿Puedo... puedo despedirme de él, señor? -preguntó Hagrid. Inclinó la gran cabeza desgreñada sobre Harry y le dio un beso, raspándolo con la barba lo cual provocó que Emily quien seguía en sus brazos casi se cayera (James y Lily abrieron los ojos un tanto exaltados).Entonces, súbitamente, Hagrid dejó escapar un aullido, como si fuera un perro herido.
- ¡Shhh! -dijo la profesora McGonagall-. ¡Vas a despertar a los muggles! Y ten más cuidado con la pequeña -
-Lo... siento -lloriqueó Hagrid, y se limpió la cara con un gran pañuelo-. Pero no puedo soportarlo... Lily y James muertos... sus pobres hijos abandonados a su suerte...
Otra vez el gran comedor se entristeció, la mayoría pensaban que Lily y James seria padres estupendos, Lily la madre dulce y que les enseñaría grandes lesiones a sus hijos, James el típico padre malcriado que complacería cualquier capricho de sus hijos y los cubriría en sus travesuras.
- Gracias, Hagrid no pensé que nos tenias tanto cariño- dijo Lily.
- Si, gracias por preocuparte por los niños- dijo James.
- No es nada, no hubiese dejado a esos pequeños solos, y yo les tengo un gran aprecio -dijo Hagrid.
- Gracias- dijeron ambos a la vez
-Sí, sí, es todo muy triste, pero domínate, Hagrid, o van a descubrirnos -susurró la profesora McGonagall, dando una palmada en un brazo de Hagrid, mientras Dumbledore pasaba sobre la verja del jardín e iba hasta la puerta que había enfrente. Dejó suavemente a Harry en el umbral, sacó la carta de su capa, la escondió entre las mantas del niño y luego volvió con los otros. (Algunos soltaron un par de lágrimas ante la imagen.)Durante un largo minuto los tres contemplaron el pequeño bulto. Los hombros de Hagrid se estremecieron. La profesora McGonagall parpadeó furiosamente. La luz titilante que los ojos de Dumbledore irradiaban habitualmente parecía haberlos abandonado.
-Bueno -dijo finalmente Dumbledore-, ya está, una parte dame la niña ahora, por favor Hagrid.- este le la entrego con nuevas lágrimas en sus ojos, Dumbledore la miró y dijo-No tenemos nada que hacer aquí. Será mejor que nos vayamos y nos unamos a las celebraciones yo me encargare de dejar a la niña en su nuevo hogar-
-Ajá -respondió Hagrid con voz ronca-. Voy a devolver la moto a Sirius. Buenas noches, profesora McGonagall, profesor Dumbledore. Hagrid se secó las lágrimas con la manga de la chaqueta, se subió a la moto y le dio una patada a la palanca para poner el motor en marcha. Con un estrépito se elevó en el aire y desapareció en la noche.
-Nos veremos pronto, espero, profesora McGonagall -dijo Dumbledore, saludándome con una inclinación de cabeza. La profesora McGonagall se sonó la nariz por toda respuesta echó una última mirada al niño y la niña y se marchó. Dumbledore se volvió y se marchó calle abajo. Se detuvo en la esquina y levantó el Apagador de plata con su mano izquierda con cuidado para que la niña no se caiga, lo hizo funcionar una vez y todas las luces de la calle se encendieron, de manera que Privet Drive se iluminó con un resplandor anaranjado, y pudo ver a un gato atigrado que se escabullía por una esquina, en el otro extremo de la calle. También pudo ver el bulto de mantas de las escaleras de la casa número 4.
-Buena suerte, Harry -murmuró. (Suerte dijeron varios)
Dio media vuelta y, con un movimiento de su capa, desapareció con la niña en brazos. Una brisa agitó los pulcros setos de Privet Drive. La calle permanecía silenciosa bajo un cielo de color tinta. Aquél era el último lugar donde uno esperaría que ocurrieran cosas asombrosas. Harry Potter se dio la vuelta entre las mantas, sin despertarse. Una mano pequeña se cerró sobre la carta y siguió durmiendo, sin saber que era famoso, sin saber que en unas pocas horas le haría despertar el grito de la señora Dursley, cuando abriera la puerta principal para sacar las botellas de leche. Ni que iba a pasar las próximas semanas pinchado y pellizcado por su primo Dudley...
- Se atreve a molestar a mi hijo/ahijado y se va a arrepentir de haber nacido- exclamaron James y Sirius.
No podía saber tampoco que, en aquel mismo momento, las personas que se reunían en secreto por todo el país estaban levantando sus copas y diciendo, con voces quedas: « ¡Por Harry Potter... niño que vivió!», aún que les faltaba una.
Dumbledore y la pequeña Emily reaparecieron enfrente de un edificio gris y con grandes rejas en las ventanas y un patio casi sin pasto cualquiera que pasaba por ahí pensaría que era una especie de cárcel abandonada
- Como que una cárcel, no dejaría a mi niña en una cárcel.-dijo Lily enfureciéndose de vuelta.
pero si miras con más atención se puede leer un cartel que decía "ORFANATO NUESTRA BUENA SEÑORA".
- Ya el nombre no me gusta- dijo Remus.
Dumbledore sintió un movimiento en sus brazo la niña se llevó sus manita a los ojos, los froto y los abrió dejando ver unos enormes ojos color avellana, al principio al ver una persona tan extraña función el seño,
- Me imagino que abres los ojos y lo primero que ves es un hombre con una larga barba y sombrero en punta, debe ser algo poco usual- dijo Ron.
Dumbledore le dedicó una de sus más tiernas sonrisas las cual la niña devolvió al instante.( varias chicas lanzaron u "ooo" de ternura y para sorpresa de todos Sirius no hizo ningún cometaria, tal vez él también se enterneció)Luego se dirigió a la puerta de aquel horrendo lugar y la depositó en la puerta y como había hecho con Harry sacó otra carta de su capa y la depositó encima de ella, después se dio media vuelta y cuando estaba a por desaparecer escucho un llanto proveniente de la niña( "no llores bebe" - dijo Lily como si lo que pasaba fuese en ese momento)y luego fuertes pasos de alguien sin pensarlo dos veces se escondió entre unos arbusto y observo la escena. Una mujer muy fea salió de allí, gorda con el pelo enmarañado, dos grandes verrugas una en su nariz y la otra es su barbilla ("la futura novia de quejicus" susurro Sirius, james y Remus largaron una risotada y Lily solo rodo, los ojos) con una como si alguien le hubiese hecho una mala cirugía miro a la niña de arriba abajo con cara de asco y la sujeto de un bracito y le gritó en la cara
- SILENCIO-
Por el susto Emily se cayó luego la sujetó un poco mejor y con la carta en la otra mano se la llevó adentro dando un portazo.
- QUE NO SE ATREVA A LASTIMAR A MI HIJA/AHIJADA- exclamaron Lily y Sirius, Remus y James.Los profesores abrieron los ojos como alguien podía ser tan malo con una niña.
Dumbledore se le escapo una lagrima, (a Lily no le importo mucho estaba muy enojada con el director)cosa que no sucedía hace tiempo, luego soltó un largo suspiro, él sabía que ese orfanato debía ser el peor de toda Europa, pero no tiene otra opción era el único orfanato en Inglaterra que conocía de su mundo, aunque la dueña sea una Squib la cual odia profundamente a los niños y de no ser porque sus "asquerosos padres magos "
- Pudrete asquerosa Squib- dijo Narcissa, muy a su pesar todos estuvieron de acuerdo.
como solía decir le hubiese dejado la empresa familiar sin ninguna clausula ella no tendría ni de chiste este lugar (aclaración: Los padre de esta señora eran mago y su única hija salió Squib para que la niña no se sintiera tan mal decidieron conectarse más con el mundo muggles y se hicieron millonarios al encontrar petróleo en su nueva casa Muggle y como tenían tanto decidieron hacer un orfanato, cuando murieron se lo dejaron todo a su hija la cual los odiaba a ellos y a todo lo que tenga que ver con la magia ya que era la única de toda la familia que no podía hacer magia y ni entra a ese mudo maravillas del cual le hablaban sus primos y sobretodo su escuela .
- Eso no es una justificación- dijo Molly.
Al morir sus padres sintió felicidad
- ¿Felicidad? que tipo de mujer es esa- exclamó McGonagall y varios chicos más.
ya que podría vivir una vida de lujo y sin preocupaciones y lo primero en su lista era vender es orfanato, pero lo que no tenía en cuenta es que su padre a ver venir esto puso una cuál la que consiste en que si vende el orfanato se queda sin la herencia, por esto se encarga del orfanato pero no se queja tanto ya que le resulta una verdadera pasión maltratar niños excepto su "bella" hija),pero como sabía Dumbledore que era la única que comprendería más o menos la gravedad de las circunstancias y que será el último lugar que un mago pisaría, así que la niña no correría riesgo de que la descubran.
Dio una última mirada donde hace instantes estaba la pequeña Potter y murmuró un - buena suerte, nos vernos dentro de unos años- y desapareció.
- y ahí termina el capítulo - dijo Arthur.
- Bueno creo que podemos leer uno más antes de almorzar- dijo Dumbledore.- ¿alguien se ofrece?
- Yo- dijo Hermione, Arthur le pasó el libro a Hermione.

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